Rodrigo Mendez

LA ESCENA ELECTRÓNICA DE BUENOS AIRES, MÁS VIVA QUE NUNCA

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En la parte final de la década del 10, Buenos Aires se reinstala como mega plaza para los mejores dj de electrónica del mundo. Algún distraído pensará que no es novedad: lo es. La muerte de cinco jóvenes en abril de 2016 en la trunca Time Warp manchó de negro la escena techno y enlutó por varios meses la movida electrónica de la ciudad argentina. Prohibiciones de fiestas masivas del género, cancelaciones de fechas y controles exhaustivos en las puertas de los pocos boliches que quedaron en pie fueron una constante en la nueva configuración de la noche porteña.
La escena electrónica de Buenos Aires florece vigorosa luego del abrupto ocaso que experimentó hace casi dos años con la fatídica Time Warp a comienzos de 2016. Cada fin de semana porteño la cartelera techno se renueva y las marquesinas estallan: Nick Warren, Julián Jeweil, Cris Liebing, Richie Hawtin, John Digweed y Solomun, verdaderos tanques de la música contemporánea, tocaron en Capital Federal en el ultimo lapso de tres meses. Signos vitales nítidos luego de un derrumbe que obligó a autocríticas y severos controles.
Con la tragedia fresca de la Time… y sus vidas arruinadas, la movida techno fue demonizada por medios de comunicación y luego por gran parte de la sociedad, que reforzó esa mala imagen que ya arrastraba sobre el género, viendo a los simpatizantes del punchi-punchi como un cúmulo de freaks necesitados de volarse la cabeza en algún festival. Dos nuevos fallecimientos traumáticos ocurridos durante la presentación de Sasha a pocos kilómetros de Rosario en enero de 2017 no hicieron más que confirmar el esquema que mas conviene a los detractores: techno = muerte.
Fue duro revertir la tendencia. Las vidas que quedaron atrapadas para siempre en el sofocante predio de la Costanera en aquella noche de la Time… dejaron en evidencia los delgados limites entre diversión y veneno. Fue una triste lección para todos. A partir de allí la política suspendió los eventos masivos en la Capital Federal, las fuerzas policiales montaron verdaderos cacheos dignos de estadios de futbol en los ingresos a los locales nocturnos y de pronto mucha gente dejó de frecuentar los nidos del techno. Hubo un quiebre y como un volver a empezar. Pero, como siempre en estas cosas, sin que en el fondo necesariamente algo de lo sustancial haya cambiado.
Palpitadas por miles de jóvenes que invierten su dinero en costosas entradas, estas fechas de electrónica en la city invocan los rasgos de una ceremonia compacta y homogénea. La diversión extrema que proponen los sonidos del artista en vivo se combinan en la noche con códigos propios del ambiente, dándole forma a una placenta donde crecen el baile y el frenesí. Mucho se ha hablado de la repetición musical onda mantra que los dj’s y productores de electrónica emulan en sus composiciones para hipnotizar al público en la pista de baile y lograr así la conexión divina tan preciada. Esas cumbres sensoriales en grandes boliches porteños rebalsan de cada vez más jóvenes que buscan experimentar las delicias de la nueva transa pop.
Ahora, con el fin consumado del plazo de prohibición para realizar fiestas masivas en predios al aire libre, la música electrónica recupera el terreno perdido en Buenos Aires y es cada vez mas popular entre una amplia y diversa franja de jóvenes. Pasaron las tragedias, las acusaciones cruzadas y también la demonización del ambiente. Ya todo parece normal otra vez. ¿Habremos aprendido algo? Muy pronto lo sabremos.
Rodrigo Mendez

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